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domingo, 9 de julio de 2017

Mucho bueno.

Hola navegantes.

Hoy salimos tarde de Vilagarcía porque no había viento y porque tuvimos que resolver temas de intendencia. Entre otros conseguir gasolina, porque el surtidor del puerto hace tiempo que no surte, y tuvimos que ir con la bici al de carretera. 

Pero antes de salir de la ría de Arosa se levantó un NW maravilloso que nos hizo cambiar los planes sobre la marcha. Nuestro plan inicial era haber parado en la isla de Ons, la única isla habitada del parque natural ¡aunque en invierno solo viven 4 personas!.

De la ría de Arosa salimos dando bordos y un pescador desde su barca fue nuestro Ángel de la guarda, porque me había distraído con temas domésticos en el interior del barco y nos avisó:

"Ahí hay pedras"

señalando a nuestra proa. Viramos a toda velocidad y efectivamente habíamos rebasado la baliza roja y nos dirigíamos a un bajo rocoso que calaba 90 cm, cerca de la Isla Rua. Pero íbamos con la orza bajada y habríamos tocado. Mil gracias.

Al pasar entre Ons y el continente íbamos a toda vela y pensamos que podíamos estirar la etapa y dejar Ons para la vuelta, y además hoy es domingo y la isla estaría llena de turistas. Por eso decidimos llegar hasta Combarro, en el fondo de la ría de Pontevedra. Las últimas millas, entrando en la ría, las hicimos con el espí y la vela mayor a toda máquina, entre 5 y 6 nudos, y a rumbo directo. Lo que siempre soñamos. Pasamos dejando la Isla Tambo, de propiedad militar, a estribor, y llegamos a puerto después de hacernos 32 millas en 7 horas y media, pero todas a vela. ¡Qué gusto!.

Hoy en vez de fotos os pongo los apuntes del cuaderno de bitácora de las tres islas que hemos contorneado: Rúa, Ons y Tambo. La última es una pena que no se pueda visitar porque tiene un aspecto tentador: un puro bosque. Ojalá termine propiedad de la Xunta, como las otras islas atlánticas, y podamos algún día visitarla.

Combarro me ha producido una sensación ambivalente. Estéticamente es precioso, con sus hórreos y el casco viejo reflejándose en la ría. Pero por dentro es decepcionante, porque todos esos hórreos son restaurantes y tiendas de quincallería veraniega y productos de turisteo, poco auténtico, la verdad. Como acercarse a una mujer hermosa y de cerca ver que todo es maquillaje.

Mañana intentaremos llegar por el río Lerez hasta Pontevedra, donde hay unos pantalanes en pleno centro urbano, para recordar nuestras navegaciones por el interior de Francia. Habrá que ir con mucho cuidado y la marea creciente, pues tiene zonas donde solo cala 1,1 metros. Mañana os contaremos si llegamos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que gozada!
Y que solidaridad la de los hombres de la mar!
Muy chulo tu cuaderno de bitácora.
Seguid disfrutando. Yo lo hago con la lectura de vuestro relato.
Eduardo MS