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viernes, 12 de enero de 2018

El hombre-barco.

En el afán de simplificar al máximo los barcos, el irlandés Paul Boyton llegó al extremo de convertir su propio cuerpo en el casco de una embarcación. Nacido en Dublín en 1848, en su juventud participó con distinta fortuna en diversas guerras hasta que se instaló en EEUU en 1871. Allí consagró su vida a intentar demostrar la utilidad de los trajes de supervivencia estancos o "secos". Para ello diseñó uno que se podía inflar a voluntad en sus distintas partes, de manera que pudiera flotar en vertical (para comer, fumar o pescar) o en horizontal (para navegar). En la posición horizontal, de espaldas, podía desplazarse remando con una pagaya o utilizando una vela, cuyo palo envergaba en la suela de uno de los zapatos y dirigía la escota con las manos.


A remolque llevaba una barquita bautizada "Baby Mine", de unos 90 cm de eslora, donde llevaba un calentador de alcohol, los víveres, y demás equipo de supervivencia.


De esta guisa dedicó parte de su vida a intentar demostrar que con ese traje se podrían salvar los náufragos consiguiendo llegar a tierra por sus propios medios. Su primer intento fue desde el vapor trasatlántico "Queen's", desde donde pretendió saltar al agua a 250 millas de la costa. Fue sorprendido por el capitán, quien le impidió saltar y le tomó por loco. Pero después de dos días de discusiones técnicas le consiguió convencer, y finalmente le dejó hacerlo a 30 millas de la costa de Irlanda. Esa noche se desató un temporal que arrojó a 56 navíos contra los acantilados de la costa, y cuando todos daban a Paul por fallecido llegó sano y salvo a la orilla.

Después de este éxito pasó varios años haciendo demostraciones en distintos ríos de Europa y EEUU y cruzando el Canal de la Mancha. Para la travesía del Canal es cuando inventó añadir una vela al traje, envergada en una suela. Después de un intento fallido y muchas vicisitudes lo consiguió por fin en 1875, saliendo de Francia y llegando a Douvres tras una "navegación" a vela de 23 horas y media. Sigueron los descensos de los principales ríos de Europa, el Estrecho de Gibraltar y el de Messina.

En 1879 incrementó aún más su popularidad al adoptar Julio Verne en una de sus novelas el invento para salvar a los protagonistas de "Las tribulaciones de un chino en China", y bautizando al traje estanco como "el aparato Boyton". Su popularidad llegó al terreno militar. Él mismo había postulado su traje como el medio perfecto para pegar minas en el casco de los barcos enemigos, y en 1880 Perú le ofreció dinero por hundir tres barcos de guerra chilenos que bloqueaban uno de sus puertos (100.000 dólares por el primero, 125.000 por el segundo y 150.000 por el tercero). Aceptada la misión fue detenido y condenado a muerte, aunque finalmente extraditado a EEUU. Allí terminó sus días creando y gestionando un circo donde hacía las demostraciones de su traje. Murió de neumonía en 1924 sin ver reconocido su invento, que no lo fué hasta un siglo después cuando el traje de supervivencia "seco" se hizo obligatorio en los navíos de comercio.

En resumen, un visionario un poco locatis que se adelantó un siglo a sus conciudadanos. Información obtenida de la revista Voiles et Voiliers de enero 2018.

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